Detrás de las camisetas; Las familias también juegan el mundial

Los familiares de los jugadores argentinos viajan, sufren y sonríen. De cerca o de lejos, contra todos los pronósticos e hinchadas, con sus pequeños cantos les dan fuerza para llegar a la instancia final en el torneo juvenil sub-20.

En el Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos, el cielo se tiñó de celeste y blanco. Argentina Sub 20 volvió a meterse en una semifinal mundialista después de 18 años, junto con ellos, sus familias que dejaron todo para estar en cada estadio, en cada práctica, porque no solo fue de mérito de las once personas dentro de la cancha, sino de cada hogar que se convirtió en experto del fútbol desde temprana edad.

Durante las previas de los partidos, las familias demostraron su emoción y orgullo por esas personas que habían criado con amor y determinación, para que a pesar de tener todo en contra, salgan a esos 90 minutos y lo den todo. Buscando devolverles a sus padres todo lo que hicieron por ellos, demostrando garra y pasión por esa selección.

                                                                                               Festejos de los jugadores, junto a sus familias en las tribunas

Cada madrugada viajando kilómetros, pedidos de licencias para acompañar todos los partidos. Con lluvia, sol y granizo ellos estaban en esas tribunas vacías o llenas, no importaba el rival, solo buscaban la felicidad de esos niños, que sólo soñaban con ser parte de la selección argentina. Mientras todos en el estadio cantaban contra Argentina, cada uno de ellos hacía sentir la pasión de cuarenta millones de argentinos que no pudieron viajar.

En cada foto, video que se hace aparecen ellos con las camisetas y ese número que pertenece a su hijo, y se les ve esa sonrisa de oreja a oreja, con ojos llorosos por pensar en esa personita que vieron nacer y ahora cumple un sueño. Los padres de Mateo Silvetti, uno de los goleadores del Mundial, contaban que ellos le transmiten a Mateo que siempre van a estar con él, pase lo que pase y en el momento que esté pasando, la familia lo va a respaldar. Más allá de que los nervios los coman y no paren de temblar, cuando ven a su hijo, les llega una tranquilidad inexplicable que solo se siente en personas con las que tienen un amor inmenso.

 

Días enteros sin dormir, contaba el padre de Juan Manuel Villalba, por la emoción y nervios de lo que significa ser semifinalistas después de 18 años, sin saberlos sus hijos están haciendo historia en este torneo. “Anda y disfruta” eran las palabras de Juan para sus padres, porque sabía que ellos no iban a estar tranquilos, por miedo de que su hijo se desanime o incluso se pueda lesionar.

Por Candela Saldaneri